Pintan bastos

Editorial

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Juan Manuel Reina

Se podría decir que noviembre no ha sido uno de los mejores meses de 2016. Y no lo ha sido en distintos ámbios y escenarios. La propia elección del excéntrico Donald Trump, un líder con claros tintes xenófobos y machistas, por los ciudadanos de la primera potencia mundial ya hacía presagiar que las cosas no iban bien y que tocaba cruzar los dedos ante lo que pudiese venir, sobre todo en una Europa en la que cada vez más ilusionan los discursos de las Marine Le Pen y compañía.

Pero no ha hecho falta mirar fuera de nuestras fronteras para comprobar que aquí, en casa, también existen problemas que nos deben preocupar y hacer reflexionar como sociedad.

Problemas crónicos que, ¡y esto es lo verdaderamente peligroso!, comenzamos a observar con cierta normalidad. A veces hasta con preocupante indolencia.

Me refiero a esa estadística hecha pública por Aldeas Infantiles que señala que el 35,4 por ciento de los menores de 16 años están en riesgo de exclusión social y de pobreza en España.

O a esa otra nueva realidad que, en este cacareado clima de recuperación económica, relaciona tener empleo con ‘disfrutar’ de unas condiciones laborales y económicas que no hace mucho nos hubiesen puesto los pelos de punta.

Asimismo, noviembre nos ha vuelto a dar una bofetada como sociedad con las víctimas de la violencia de género. Y es que nada menos que 40 mujeres han perdido la vida en lo que va de año a manos de quienes un día les juraron amor eterno.

Cuestiones, lacras, que nos deberían hacer reflexionar, en especial a quienes llevan las riendas. No se trata de ser trágicos. Se trata de poner los focos en cuestiones que, quizás por aquello de que ya forman parte de nuestra vida, corren el riesgo de no ser abordadas en su verdadera dimensión. No hay que olvidar que todas ellas tienen nombre y apellidos que merecen no ser olvidados.

 

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